¿Por qué el estrés lleva al aumento de peso? El estudio arroja luz

Una nueva investigación, publicada en la revista Cell Metabolism , puede haber encontrado la razón por la que la exposición crónica al estrés está tan íntimamente relacionada con la obesidad. La respuesta está en la relación entre las células grasas y la sincronización de las hormonas del estrés.


El hecho de que el estrés resulta en aumento de peso puede ser conocido por muchos, pero nuevas investigaciones muestran por qué y cómo ocurre esto.

Investigadores dirigidos por Mary Teruel, profesora asistente de química y biología de sistemas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford en California, estaban desconcertados por un proceso que de otra manera sería natural – y bien conocido – a través del cual nuestro cuerpo produce células grasas.

En el cuerpo humano, las llamadas células precursoras o progenitoras -es decir, el estado intermedio entre una célula madre indiferenciada y una totalmente diferenciada- se convierten en células grasas, lo que conduce a un aumento de peso.

Una persona sana convierte no más del 1 por ciento de sus células precursoras en células grasas, y lo hace cuando se desencadena por hormonas llamadas glucocorticoides.

Los glucocorticoides son hormonas esteroides naturales producidas por el cuerpo humano para aliviar la inflamación. Como explican Teruel y sus colegas en su trabajo, los niveles de glucocorticoides de una persona aumentan y disminuyen de forma natural a lo largo del día, un ciclo regulado por nuestros ritmos circadianos.

Pero estas hormonas también pueden ser estimuladas por estímulos externos, como el estrés a corto o largo plazo. Sin embargo, el investigador principal de la nueva investigación encontró esta dinámica intrigante.

“¿Por qué no nos ahogamos en grasa cada vez que los niveles de glucocorticoides suben por la mañana debido a los ritmos circadianos normales o cuando nuestros niveles de glucocorticoides suben cuando hacemos ejercicio o cuando pasamos de un edificio cálido al frío?”. se preguntó Teruel.

“¿Y por qué perder el ritmo normal de la secreción de glucocorticoides – como en condiciones de estrés crónico, desfase horario y trastornos del sueño en trabajadores por turnos – está tan ligado a la obesidad?”

Tales preguntas llevaron a Teruel y a sus colegas a embarcarse en la nueva investigación.

¿Cómo afectan los glucocorticoides a las células grasas?

Para encontrar las respuestas, los científicos llevaron a cabo varios experimentos. En la primera, el equipo bañó las células grasas precursoras en un cóctel de glucocorticoides en “pulsos rítmicos” durante un período de 4 días.

Contaron cuántas células progenitoras se convirtieron en células grasas, y encontraron que un pulso de 48 horas de duración de las hormonas causó que la mayoría de las células se convirtieran en células grasas, mientras que los pulsos más cortos llevaron a una diferenciación celular mínima.

Teruel y sus colegas querían profundizar, por lo que se centraron en los mecanismos moleculares a través de los cuales las células progenitoras pueden “decir” cuándo convertirse en células grasas. Los científicos estaban intrigados en cuanto a lo que hace que las células progenitoras ignoren los pulsos cortos pero respondan a los más largos.

Para resolver el misterio, usaron imágenes en vivo de una sola célula para rastrear la actividad de una proteína que se sabe que se correlaciona con la diferenciación y madurez de una célula grasa: PPAR-gamma (PPARG).

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El seguimiento de esta proteína en miles de células a lo largo de varios días y el uso de modelos computarizados revelaron que existen dos tipos de retroalimentación que ayudan a las células progenitoras a ignorar el ciclo circadiano normal de los glucocorticoides y filtrar sólo los pulsos hormonales largos.

Específicamente, los autores escriben, “este filtrado circadiano requiere una retroalimentación positiva rápida y lenta al PPARG”. Basándose en sus investigaciones anteriores, los científicos también encontraron otras proteínas que median un ciclo de retroalimentación de 34 horas que permite que el PPARG continúe acumulándose, lo que conduce a más células grasas.

“Ahora sabemos el código circadiano que controla el interruptor, y hemos identificado las moléculas clave que están implicadas”, dice Teruel.

Finalmente, los científicos tuvieron que probar si este código circadiano recién identificado funcionaba de la misma manera en mamíferos. Así que, en el transcurso de 21 días, aumentaron los niveles de glucocorticoides en un grupo de ratones y compararon su peso con el de un grupo de control de roedores.

El experimento reveló que los ratones aumentados con glucocorticoides ganaron el doble de peso que el grupo de ratones de control. Esto, encontraron los científicos, se debió no sólo a la producción de nuevas células grasas, sino también al crecimiento de las ya existentes.

El estrés continuo puede llevar al aumento de peso

Los hallazgos, dice Teruel, “[explican] por qué los tratamientos con medicamentos glucocorticoides, que a menudo son esenciales para que las personas con artritis reumatoide y asma funcionen tan bien, están tan relacionados con la obesidad, y[sugieren] formas en que dichos tratamientos pueden administrarse de forma segura sin los efectos secundarios comunes del aumento de peso y la pérdida ósea”.

Además, el investigador principal observa cómo la investigación ilumina el proceso de aumento de peso inducido por el estrés en las personas, además de ofrecer pistas sobre cómo controlarlo.

“Sí, el momento de tu estrés sí importa”, dice. “Dado que la conversión de células precursoras en células grasas ocurre a través de un interruptor biestable, significa que puedes controlar el proceso con pulsos.”

“Nuestros resultados sugieren que incluso si te estresas mucho o tratas tu artritis reumatoide con glucocorticoides, no aumentarás de peso”, continúa Teruel, “mientras que el estrés o el tratamiento con glucocorticoides se realice sólo durante el día.

“Pero si experimenta estrés crónico y continuo o toma glucocorticoides por la noche, la pérdida resultante de las oscilaciones normales de los glucocorticoides circadianos resultará en un aumento de peso significativo.”

María Teruel

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