Los edulcorantes artificiales no hacen ninguna diferencia para la salud

Los edulcorantes no azucarados han estado en el centro de un debate feroz durante décadas. ¿Benefician la salud o aumentan los riesgos? Un estudio reciente aviva las llamas una vez más, afirmando que hay poca evidencia de beneficios o daños.


Los edulcorantes han estado bajo el microscopio durante años.

A medida que las pruebas que demostraban los efectos adversos del azúcar se volvieron irrefutables, comenzó una carrera para encontrar alternativas.

Los consumidores disfrutan de los alimentos y bebidas dulces. Así que, a medida que el público se esforzaba por mejorar su salud, hubo que diseñar opciones dulces y sin azúcar.

Hoy en día, la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) ha aprobado una serie de edulcorantes no azucarados que son más dulces que el azúcar pero tienen poco o ningún valor calórico.

Debido a que estos compuestos, que también se denominan edulcorantes artificiales, son invenciones relativamente nuevas, todavía existe un debate sobre sus posibles beneficios y efectos secundarios.

Algunos estudios afirman que reemplazar el azúcar estándar por edulcorantes sin azúcar puede ayudar a las personas a perder el exceso de peso y reducir su riesgo de diabetes.

Por otro lado de la conversación, algunos investigadores han concluido que los edulcorantes sin azúcar podrían, de hecho, aumentar el riesgo de diabetes, obesidad y trastornos metabólicos.

Los edulcorantes no azucarados también han sido implicados en el riesgo de cáncer, aunque las pruebas que apoyan esta relación son escasas.

Para obtener una imagen más clara, un grupo de investigadores analizó recientemente los estudios existentes en la búsqueda de respuestas concluyentes. Sus resultados se publican en The BMJ.

Los edulcorantes no azucareros se vuelven a visitar

En total, los científicos evaluaron 56 trabajos de investigación, lo que hace que esta sea la revisión más exhaustiva de la cuestión hasta la fecha.

Los estudios que analizaron incluyeron participantes adultos y niños, y compararon la ingesta baja y ninguna ingesta de edulcorantes no azucarados con una ingesta más alta.

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Investigaron una serie de parámetros, incluyendo la salud oral, las enfermedades renales y cardiovasculares, el cáncer, los niveles de azúcar en sangre, el comportamiento, el estado de ánimo y, lo que es más importante, el peso y el índice de masa corporal (IMC).

Tal vez sorprendentemente, para la mayoría de los resultados de salud, no pareció haber diferencias significativas entre las personas que consumían edulcorantes no azucarados y las que no lo hacían. Los autores escriben:

“Para la mayoría de los resultados, no pareció haber diferencias estadística o clínicamente relevantes entre la ingesta de[edulcorantes no azucarados] versus la ingesta de[edulcorantes no azucarados] o entre diferentes dosis de[edulcorantes no azucarados]”.

En algunos estudios más pequeños, encontraron evidencia débil de que el uso de edulcorantes sin azúcar ayudó a reducir el IMC y los niveles de azúcar en sangre, pero no fue convincente.

De manera similar, los científicos observaron pequeñas reducciones en el aumento de peso para los individuos que consumían niveles bajos de edulcorantes no azucarados, pero la evidencia fue igualmente inestable.

Era una historia similar en los niños: Los edulcorantes artificiales redujeron ligeramente el aumento de peso pero no afectaron el IMC.

Cuando el equipo analizó los estudios que se centraban en los individuos obesos y con sobrepeso, no hubo pruebas convincentes de los beneficios de los edulcorantes no azucarados.

Los investigadores también buscaron cualquier evidencia de efectos secundarios o eventos adversos. Aquí, los datos tampoco eran concluyentes; los autores escriben, “los daños potenciales no podían ser excluidos”.

Más trabajo necesario

En su trabajo, los autores reiteran que la evidencia que encontraron era de mala calidad, calificándola de “muy baja a moderada”. Piden estudios más sustanciales, explicando que “[l]os estudios a largo plazo son necesarios para evaluar los efectos sobre el sobrepeso y la obesidad, el riesgo de diabetes, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades renales”.

La investigación ha sido publicada junto con un editorial escrito por Vasanti S. Malik de la Escuela de Salud Pública de Harvard T.H. Chan en Boston, MA.

Escribe que, aunque los meta-análisis como éste son importantes y útiles, debemos ser cautelosos con respecto a las conclusiones: No se deben pasar por alto los resultados de los estudios de alta calidad. Ella lo explica:

“Por ejemplo, los ensayos realizados por de Ruyter y sus colegas y Ebbeling y sus colegas, los más grandes y rigurosamente conducidos hasta ahora, proporcionan una fuerte evidencia de que el reemplazo de bebidas endulzadas con azúcar por alternativas dietéticas reduce el aumento de peso en niños y adolescentes después de un año de seguimiento”.

En general, Malik está de acuerdo con los autores del estudio en pedir más investigación. Concluye que “[l]as publicaciones y recomendaciones deberán actualizarse periódicamente, a medida que surjan más pruebas para garantizar que se utilicen los mejores datos disponibles para informar el importante debate de salud pública sobre el azúcar y sus alternativas”.

Debido a que los edulcorantes no azucarados son más populares que nunca, comprender sus beneficios o riesgos -aunque sean relativamente menores- podría ser importante para la población. Ya sea que estos edulcorantes reduzcan ligeramente el riesgo de obesidad o aumenten marginalmente el riesgo de diabetes, los investigadores necesitan descubrir los hechos.

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