¿Cómo puede la pérdida de peso corregir la diabetes tipo 2?

En la diabetes tipo 2, el páncreas no produce suficiente insulina, que es la hormona que ayuda a regular los niveles de azúcar en la sangre. Hasta hace poco, se creía que la diabetes dura toda la vida, pero un nuevo ensayo sugirió que la pérdida de peso puede llevar a la diabetes a la remisión. Es posible que los investigadores hayan aprendido por qué sucede esto.


Un nuevo estudio pregunta cómo la pérdida de peso puede llevar a la diabetes a la remisión, y qué sucede cuando no lo hace.

Un ensayo clínico reciente (Diabetes Remission Clinical Trial[DiRECT]) – cuyos resultados se publicaron el año pasado en The Lancet – descubrió que casi la mitad de los participantes con diabetes tipo 2 que siguieron un programa de pérdida de peso experimentaron la remisión de su afección al final del estudio.

Tradicionalmente, los especialistas pensaban que la diabetes era una afección que había que controlar en lugar de curar, por lo que estos nuevos hallazgos ofrecen una nueva perspectiva sobre cómo se podría contrarrestar la diabetes tipo 2 utilizando una herramienta al alcance de cualquiera: la dieta y las opciones de estilo de vida.

Aún así, después de que los resultados del ensayo fueron publicados, una pregunta permaneció sin respuesta: “¿Por qué la pérdida de peso lleva a la remisión de la diabetes en algunas personas?”

Ahora, el investigador Roy Taylor – de la Universidad de Newcastle en el Reino Unido – quien supervisó el DiRECT, junto con colegas de varias instituciones académicas, afirman que pueden haber encontrado la respuesta.

Sus observaciones fueron publicadas en la revista Cell Metabolism .

La pérdida de peso puede normalizar el azúcar en la sangre

Para DiRECT, los investigadores reclutaron participantes que habían sido diagnosticados con diabetes tipo 2 en un plazo de 6 años desde el inicio del ensayo.

Para el estudio, los voluntarios se dividieron aleatoriamente en dos grupos: a algunos se les asignó la atención de mejores prácticas, que actuaron como grupo de control, mientras que otros se unieron a un programa intensivo de control de peso mientras recibían la atención adecuada para la diabetes.

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Después de un año desde el inicio del ensayo, el 46 por ciento de los asignados al programa de pérdida de peso habían logrado recuperar y mantener niveles normales de azúcar en sangre.

Según los investigadores, los participantes del segundo grupo que no lograron estos resultados no habían perdido suficiente peso para hacerlo, pero aún así no estaba claro por qué sus metabolismos no habían respondido al régimen de la misma manera.

Ahora, Taylor y su equipo sugieren que las personas que respondieron bien al programa de pérdida de peso mostraron una mejora temprana y sostenida en el funcionamiento de un tipo de célula pancreática conocida como células beta, que tienen la tarea de producir, almacenar y liberar insulina.

Y en esta idea yace un nuevo desafío para las creencias anteriores; los especialistas siempre habían pensado que, en la diabetes tipo 2, las células beta pancreáticas se destruyen, lo que contribuye al desarrollo de la afección.

“Esta observación tiene implicaciones potencialmente importantes para el enfoque clínico inicial del tratamiento”, señala Taylor.

“En la actualidad”, añade, “el control precoz de la diabetes tipo 2 tiende a implicar un periodo de adaptación al diagnóstico más la farmacoterapia con cambios en el estilo de vida, que en la práctica son modestos”.

“Nuestros datos sugieren que la pérdida de peso en el momento del diagnóstico es apropiada para rescatar las células beta.”

Roy Taylor

¿Las células beta pancreáticas están involucradas?

Para llegar a esta conclusión, Taylor y el equipo analizaron primero varios factores metabólicos, como el contenido de grasa hepática, el contenido de grasa pancreática, la concentración de triglicéridos en la sangre y la función de las células beta, para ver si desempeñaban un papel en la respuesta de los participantes a su programa de pérdida de peso.

El equipo examinó la contribución de estos factores a la respuesta metabólica en un subconjunto de participantes de DiRECT, de los cuales 64 voluntarios habían sido asignados al grupo de intervención.

Este examen reveló que los participantes que no habían respondido al programa de control de peso habían tenido diabetes durante más tiempo, es decir, alrededor de 3.8 años frente a 2.7 años.

Pero en otros aspectos, tanto los que no respondieron como los que respondieron demostraron ser similares: habían perdido aproximadamente la misma cantidad de peso, exhibían una reducción similar de grasa en el hígado y en el páncreas, y tenían una disminución similar en la regulación de los triglicéridos en la sangre.

La única diferencia entre los que respondieron y los que no lo hicieron fue que las personas que recuperaron los niveles normales de glucosa en sangre después de la intervención mostraron una mejora constante y temprana en la función de las células beta pancreáticas.

Cuando las células beta secretan insulina, lo hacen en dos fases, la primera de las cuales equivale a un breve aumento de los niveles de insulina y dura unos 10 minutos. Las personas con diabetes tipo 2 típicamente no la experimentan.

En DiRECT, las células beta de aquellos que respondieron al programa de control de peso pasaron por la primera fase de secreción de insulina, mientras que las células beta de los que no respondieron no lo hicieron.

Los hallazgos de Taylor y colegas indican que la pérdida de peso puede ayudar a corregir el metabolismo de la grasa en personas con diabetes tipo 2. Sin embargo, aquellos que experimentan una pérdida más precipitada de la función de las células beta pancreáticas pueden no responder.

“El conocimiento de la reversibilidad de la diabetes tipo 2, en última instancia debido a la rediferenciación de las células beta pancreáticas, llevará a un trabajo más específico para mejorar la comprensión de este proceso”, explica Taylor.

Sin embargo, los investigadores admiten que el DiRECT no debe seguir siendo la única fuente de evidencia, ya que sus resultados se observaron en una cohorte particular -de la cual el 98 por ciento de los participantes eran blancos- que sólo fue evaluada durante un año. Los estudios adicionales deben tener como objetivo ser más a largo plazo y más diversos.

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